Muchos factores influyen en el resultado final de un buen ibérico. Cada uno de nuestros cerdos ha sido mimado desde su nacimiento. Tras la época de recría, alimentamos a nuestros ejemplares hasta que alcanzan el peso adecuado. Es entonces cuando pastan en las dehesas, en donde disfrutan de una vida en total libertad, alimentándose de bellotas, hierbas, semillas... El ejercicio al aire libre de la sierra hace el resto aportando a sus carnes un equilibrio perfecto.